domingo, 22 de julio de 2012

MOYA

Topónimo con que se conoce  el municipio norteño situado a 22,5 kilómetros de la capital provincial e insular, en una altitud media de 490 metros sobre el nivel del mar, y de 31,90 kilómetros cuadrados de superficie que representa el 2% del total de la isla, situado entre Firgas y Santa María de Guía.
Panorámica (Cristina Álvarez en sobrecanarias-com)
Despejando dudas sobre el topónimo de Moya, lo encontramos en el «Índice general de términos guanches (o tenidos por guanches)» desestimándose como aborigen y considerándose que es voz hispánica, detectándose existen ocho localidades más con igual nombre en la España peninsular y que es apellido corriente al sur peninsular.

Detalle mapa Leonardo Torriani (Juan Tous)
Hay una general coincidencia en que el origen del topónimo está vinculado al  marquesado de Moya, que tuvo una posición muy privilegiada con los Reyes Católicos que fueron los grandes patrocinadores de la conquista de la Isla por lo que adquiriría su condión de primera isla de realengo.

En nombre de la Corona se repartieron tierras y aguas a los conquistadores y financiadoras que la hicieron posible, en su nombre se gobernaba la isla y se otorgaban datas o ventas de tierras para su amortización perpetua con censos.

Lo que sí está documentado es que cuando llegaron a este lugar los primeros castellanos pobladores del lugar, aquellos que recibieron tierras en el lugar, éstas ya eran  identificadas en los documentos escritos con que estaban situadas en el lugar de Moya.

Los primeros pobladores de Moya responden a los apellidos Arjona, Gallego, Jahen, Luçena, Morón, Ramírez, Sánchez, Tellos y Toledo (RODRÍGUEZ CALLEJA, JE.: La población de Arucas y Moya en el siglo XVII, Las Palmas de GC, 2002), no mencionándose ningún apellido titular, consorte o heredero del Marquesado de Moya, pero en todos los casos, en todos los documentos, el denominador común es que su asentamiento se hace en las proximidades de Moia en la grafía antigua como la recoge Leonardo Torriani en su mapa de 1590, o en la actual grafía Moya, y en los años previos a 1501.

Desvelemos quienes eran los recurrentes Marqueses de Moya a los que se atribuye el topónimo. Podría inducir a error considerar que un marquesado más dentro del millar y medio de estos títulos nobiliarios que en España han existido, pero sus influencias y poderes van mucho más allá de las que proporciona el propio título por la proximidad que tuvieron a la Corona. No se trata de lo que se entiende por nobles de sangre que en el siglo XV habían heredado el título de un predecesor, su título es el premio con que los Reyes Católicos reconocen los servicios prestados a la Corona.
"Retrato del buen vasallo, copiado de la vida y hechos de Don Andrés de Cabrera,
 primer marqués de Moya" (Francisco Pinel y Monroy, Madrid, 1677).
Los primeros marqueses son Andrés de Cabrera y Beatriz de Bobadilla; Andrés perteneciente a la oligarquía de Cuenca entra como camarero al servicio del futuro Enrique IV en 1451, quien ya rey nueve años después le designa mayordomo, coordinador de los demás oficios palaciegos.

No es un cargo político, pero sí de gran influencia sobre el monarca. Su astucia posibilitará una espectacular ascensión social para introducirse en el estamento caballeresco y en la alta nobleza, y así en 1470 es nombrado tenente del alcázar de Segovia, donde estaba guardado el tesoro real y desde el que ejerce el control de la ciudad preferida por el rey.

Ruinas del Castillo de Bobadilla en Moya
(Turismo Junta de Castilla-La Mancha)
Beatriz procedía de una familia del grupo social de los caballeros con larga tradición en los oficios militares al servicio de la monarquía.  Serviría como camarera desde la infancia de la futura reina Isabel la Católica, hermana de Enrique IV.

El matrimonio que Beatriz había contraído con Andrés en 1467 a petición del rey a cambio de unos vasallos sería decisivo para influir sobre Enrique IV con el fin de que volviera a renombrara su hermana Isabel como sucesora al trono, en detrimento de su hija Juana la Beltraneja.

A la muerte de Enrique en 1474, Andrés y Beatriz tomaron abiertamente partido por el reconocimiento como heredera al trono de la infanta Isabel, poniendo a su disposición los tesoros reales y proclamándose Isabel reina de Castilla. Este decidido apoyo de Andrés y Beatriz a Isabel, así como la sofocación de un violento motín contra el tenente de Segovia, serán reconocidos por los Reyes con el otorgamiento del Marquesado de Moya.

Es importante destacar que el título del Marquesado es otorgado en 1480, y por tanto coetáneo a la conquista de la isla de Gran Canaria, comprendida entre la creación del Real de Las Palmas el 24 de Junio de 1478 por Juan Rejón y el cerco de la Fortaleza de Ansite el 29 de Abril de 1483, con el que se ponía fin a la resistencia aborigen siendo gobernador Pedro de Vera.

En una aproximación a la larga relación de privilegios dados por la Corona entre 1469 y 1489 a los Marqueses, sin incluir tierras, fanegas y animales, las mercedes que periódicamente recibían ascendieron a 4.771.814 maravedíes. Y además recibieron multitud de concesiones y privilegios reales, así como mercedes ocasionales por el casamiento de alguno de sus descendientes.

Pero los propios investigadores sostienen que no se puede determinar el verdadero patrimonio que tenían los marqueses de Moya, ni los beneficios que le otorgó la Corona. Si se sabe que Beatriz de Bobadilla aprovecharía la guerra de Castilla con Portugal para verse beneficiada con la obtención de una licencia para fletar una carabela a Guinea con exención del quinto (aranceles), de donde puede inferirse un gran conocimiento de los negocios que pudieran reportar las nuevas tierras atlánticas conquistadas.

Tampoco se debe olvidar que Andrés Cabrera era sobrino segundo de los célebres capitanes Hernán García del Castillo y Cristóbal García del Castillo que, sirviendo a la Conquista, con armas, criados y caballos a su costa, ganaron, con su lanza, extensos repartimientos de aguas y tierras en Telde, donde fueron fundadores de la parroquia, y en Moya, donde aún conservan predios valiosos sus nobles descendientes. Este primer marqués de Moya era, en aquellos días, el más poderoso y autorizado rico del Reino.

La marquesa, su esposa, dama favorita y camarera mayor de Isabel la Católica, era cuñada de Hernán Peraza, conde soberano de La Gomera, señor de la isla de El Hierro e hijo de Diego García de Herrera, que tanta parte tuvo en la sumisión de Gran Canaria.
Maderada (Asoc Gancheros Priego)

La relación de la Reina Isabel I de Castilla con los marqueses es tan particular que llega al extremo de mencionarlos en su Testamento y Codicilo, dados en Medina del Campo el 12 de octubre y 23 de noviembre de 1504, en el folio 2 vuelto, donde les canjea los bienes dados en Segovia por otros en Granada, y manifiesta al Rey Fernando y sucesores que honren y acrecienten el fiel servicio de los Marqueses de Moya, Beatriz de Bobadilla y Andrés Cabrera, y a sus descendientes, cuando dice que «por manera que ninguna cosa abaxen ni pierdan ni diminuyan de su estado, antes reçiban ventaja e acreçentamiento», beneficios que pueden avalar que tuvieron otras concesiones reales aún no conocidas.

La posible vinculación de los marqueses con la Moya grancanaria pudo haberlo sido el oculto negocio del aprovechamiento de la madera de la Selva de Doramas, pues ya conocían perfectamente esta actividad.

El origen de la madera que bajaba por el río Turia o Guadalaviar hasta Valencia está en su gran mayoría en el Marquesado de Moya, principal zona abastecimiento situada en la zona nororiental de la provincia de Cuenca, lindando con Valencia. La Moya peninsular aparece en la documentación medieval como el mayor suministrador de madera que compraban los constructores y carpinteros de Valencia. 

Tabladas (Asoc.Gancheros Priego)
El sistema de transporte fluvial por piezas sueltas utilizado para el traslado de la madera de la Moya conquense requería mucha mano de obra y un alto grado de destreza, hasta el extremo que asombraba ver cruzar los grandes troncos de pinos por arroyos con tan escaso caudal de aguas que parecería imposible que así llegaran a su destino en condiciones para con ellos confeccionar vigas para edificios, palos mayores para las embarcaciones, tablones para la construcción. 

Los largos troncos talados eran transportados en carretas o arrastrados por caballerías, arte entonces conocida como ajorrar, hasta los márgenes de los arroyos donde eran tumbados. Allí eran protegidos durante un tiempo mientras purgaban para que pudieran flotar mejor. La conducción por el río era la operación más compleja de todo el proceso, pues debido al escaso caudal y lo accidente del lecho de los ríos, eran dirigidos desde la orilla con la ayuda de bicheros o ganchos.

Los gancheros eran los operarios especializados en la conducción de la madera por piezas sueltas. No solían bajar de un centenar que se situaban a lo largo del río por el que bajaban cada día un buen número de troncos. La cuadrilla perfectamente organizada era mandada por un jefe, llamado maestro de río, que dada su responsabilidad para ganar la confianza del dueño de la madera y por el éxito de la maderada, estaban ligados a clanes familiares con muy buena retribución.


Los actores de este gran negocio madedero con la madera noble de la Selva de Doramas, barbuzanos, paloblanco y viñatigos, posiblemente mantuvieron su anonimato en esos negocios que no se podían contar, pero el escenerio donde se desarrolló sigue estando presente a través del rastro de la toponimia que la memoria colectiva creó: Carretería, Lance, Camino de la Cueva y el Puerto del Lance de la Madera en el Varadero, todos ellos junto al cauce el barranco de Pajarito, aguas abajo barranco del Pagador, son los vestigios que han quedado siglos después.
Detalle mapa de Oswavarry (Juan Tous)
Ese puerto situado en la hoy La Barranquera, identificado en la cartografía histórica de 1806 del vasco José Ossavarry Acosta,  muy cerca de donde desagua el antiguo barranco del Aumastel, hoy de Azuaje, fue testigo después de los marqueses de Moya, de algunos negocios que si se llevaron a los documentos públicos.

Como es el testamento de Juan Miguel, vecino de Moya, de 11 de Julio de 1567, en el que declara: Una deuda que tuvo con Lorenzo Pérez, genovés, mercader, y  para saldarla «le dió puesto en el lance que dicen de la madera en el Aumastel, 50 jubrones a tres reales cada uno, y otros 50 que le dio en esta ciudad que trajo la barca de Origuela, a 65 reales cada una»; que cortó en la montaña de Doramas para el gobernador Hernando Rodriguez «100 vigas grandes de 22 pies y 4 palos grandes de 25 pies para la fortaleza de la ciudad, los cuales cortó y entregó, y se le debe el corte, servicios y hacer camino para sacarlas que son 208 reales»; que le debe a Anastasia de la Mora, viuda de Juan Bautista Casaña «2 doblas de resto de una prensa que le cortó y echó a la costa de Aumastel»; y a Pero González de Timagada «3 doblas de resto de una prensa que le puso en la costa de la mar» (LOBO CABRERA, M. Y OTROS: Los usos de la madera: recursos forestales en Gran Canaria en el siglo XVI, Las Palmas de GC, 2007).
 
Retomando la historia de Moya desde sus inicios durante la Conquista, Agustín Millares describe así el lugar: «… Esta fácil victoria inspiró a Algaba y a Bermúdez el atrevido proyecto de hacer una excursión hasta el centro de la isla y sorprender a los Guanartemes que, según la relación de sus espías, tenían aplazada una conferencia para un día de aquella semana. Dispuesto todo con el mayor secreto y comunicadas las órdenes oportunas, salió el Deán una noche con las tropas designadas, dirigiéndose por Arucas a Moya, pueblo situado entonces en medio del frondoso bosque de Doramas. El camino que habían de atravesar era áspero y difícil, erizado de malezas, cortado por barrancos profundos y por desfiladeros peligrosos…». 

La presencia de los guerreros de los dos Guanartemes y el cansancio por la dificultad del camino, el hambre y la falta de sueño de los castellanos tuvo un trágico final: «… Entonces se dio la orden de retirada y las tropas, casi en desorden, abandonaron el distrito de Moya…».
Nueva iglesia (rosagrancan-blogspot)

El nuevo siglo XVI no será bueno para los Marqueses de Moya. Es sabido que cuando la reina Isabel se recluyó en Medina del Campo, ya estaba aquejada de una cáncer de útero del que moriría en 1504, perdiendo con ella su gran protección que posiblemente les aconsejaría abandonar algunas de sus prebendas, como esta en una isla tan alejada para ellos.


Según el Magistral José Marrero Marrero, cuyos fondos fueron donados al Museo Canario en 1932, «… Los conquistadores al fundar y poblar este lugar, finalizado ya el s. XV, levantaron en la falda de esta selva y al veril del risco bravío, una pequeña ermita dedicada a la Virgen de Candelaria. Unas cuantas casas, macizas y espaciosas, construidas y agrupadas alrededor de esta humilde capilla, fueron las primeras que formaron lo que se llamó villa de Moya…». 

Al igual que todos los núcleos poblacionales que se encontraban en su misma situación, Moya contaba con parroquia, la cual data del 18 de abril de 1515. La parroquia fue erigida por el obispo Vázquez de Arce. Ocho años después el 15 de agosto de 1523, manda el Cabildo «que los contadores saquen de una renta de esta ciudad el salario o ayuda que se hace al clérigo de Moya».

En Moya se repartieron diecinueve suertes, que oscilaban entre 20,5 y 3,75 aranzadas de valor, con una concentración en las cinco aranzadas o peonía de riego. Millares Torres considera que una aranzada es igual a una fanega, unas mil seiscientas brazas cuadradas.


De esta manera, cinco aranzadas forman una suerte, cuatro suertes una caballería, veinte fanegas. El agua procedía del río de Ayraga, que teóricamente es el Aumastel, de una acequia «del tiempo de los canarios», de donde es de suponer, por esta expresión, que los sistemas de aprovechamiento del agua fueron anteriores a la conquista.
Casa (rosagrancan-blogspot)
Tras la conquista de Gran Canaria a finales del sigo XV, en la isla comenzó un desarrollo importante de las actividades económicas relacionadas con la agricultura, y en especial de los cultivos de exportación, como la caña de azúcar.

Las consecuencias de este impulso económico fueron, entre otras, la creación de núcleos urbanos de nueva planta como la Villa de Moya. El poblamiento del lugar principalmente por agricultores se produjo en torno a la primitiva ermita en honor a Nuestra Señora de Candelaria. A mediados del siglo XVII se produce un incremento de población en las zonas de medianía debido a un nuevo resurgir del cultivo de la caña de azúcar. Es en esta época cuando surgen los principales núcleos de la actual Villa como Fontanales, Barranco del Pinar, Trujillo, Los Dragos o El Laurel.

En el siglo XVIII la villa dispone de una población asentada mayoritariamente en las medianías, zona donde el desarrollo agrícola y ganadero era de suma importancia.

Durante el siglo XIX, con la aparición de los ayuntamientos constitucionales, la ocupación de habitantes se extiende también al bosque de Doramas por la roturación de tierras, lo que significó su definitiva desaparición como entorno natural, si bien esta ocupación desencadenó litigios con los privilegiados que tenían sus cultivos en Arucas y Teror que sacaban graciosamente del bosque los jorcones para los viñedos, siempre bajo el alegato de defender los baldíos del bosque de Doramas.
Casa Tomás Morales (rosagrancan-blogspot)
El 10 de octubre de 1884 nacería en la Villa Tomás Morales Castellano, médico de profesión, hijo de Manuel Morales y de Tomasa Castellano, que sería el máximo representante del modernismo lírico insular e iniciador de la poesía canaria moderna, siendo considerado uno de los principales poetas del modernismo español.

Autor del libro Las Rosas de Hércules, destaca entre su obra de poemas la Oda al Atlántico. Compartió generación con otros poetas grancanarios como Alonso Quesada, Saulo Torón y Victorio Macho. Coincidió en el colegio de San Agustín con Alonso Quesada y el pintor Néstor Martín Fernández de la Torre. Murió el 15 de agosto de 1921, con 36 años de edad.


Localización (Espacios Naturales de Gran Canaria)

sábado, 21 de julio de 2012

MOTA, ERA DE LA (VALSEQUILLO)

Actualización: 2014/05/12
Topónimo con el que se conoce un caserío al que se accede desde la carretera Valsequillo-San Mateo (GC-041), situado al mediodía de la misma, después de haber dejado atrás Las Vegas

En cuanto al origen del topónimo, considerando que se trata de un antropónimo, si bien no puede afirmarse tratarse de su propietario dado que la pobre presencia del apellido en la isla en el siglo XVI, consideramos que pueda tratarse de Luis de la Mota.
 
Panorámica del lugar con almendros en flor (turismodevalsequillo-com)

Es evidente que al estar asociado el antropónimo a una era, bien etnográfico directamente vinculado al aprovechamiento cerealero, despeja muchas dudas cuando el nombre aparece en «... un documento otorgado en 1593, en el cual los vecinos de Telde reunidos se comprometieron a entregar cada año, según sus posibilidades, trigo, centeno y dinero, para la defensa de su pósito, en el pleito que el concejo trataba contra él, recaudándose en total 19 fanegas entre trigo y cebada y 33 reales y cuarto más un cuartillo » LOBO CABRERA, M.: "El trigo y el abastecimiento de Gran Canaria en el Quinientos", Anuario de Estudios Atlánticos, nº 40, 1994).


Era (Fedac)
En la nota al pie que recoge la fuente tomada del protocolo núm. 2.591, fol. 22r de Rodrigo de Cubas (Archivo Histórico Provincial de Las Palmas) se dice «Los vecinos fueron Lorenzo de Zurita, Juan Jara, Gaspar González, alcalde, Luis de la Mota, Hemando del Castillo, García Ruiz, Alonso López Cabrera, Gonzalo de Mireles, Hernán Luis Perdomo, Sebastián González, Bartolomé Pérez, el mozo, Diego Alonso Calvillo, Luis González, BIas Sánchez, Andrea Calderín, Bernabé Pérez, Lorenzo Pérez, Juan de Savallos, Diego Pérez de Medina, Juan Vélez de Valdivielso, Marcelo de Reina, Alonso López Romero, Juan de Santiago, Manuel González, Miguel Hernández, Domingos Anes, Sebastián Verganciano, Gaspar Báez, Juan Suárez, barbero, Tomé Ribero, Manuel Díaz, Jusepe Díaz, Juan Justo, Francisco Rodríguez y Baltasar de Nava. Dichas cantidades se obligaban a entregarlas a Sebastián González Bernal, vecino de Telde, su procurador », nómina en la que aparecen los nombres más notorios de la jurisdicción a la que pertenecía Valsequillo.

Presumiblemente, la inclusión de Luis de Mota entre la nómina de vecinos cerealeros del antiguo Telde, cuando Valsequillo aún no era ayuntamiento independiente, puede aventurarse que es el poseedor de la Era de donde surge el topónimo.

Con posterioridad está documentada la continuidad del apellido en el lugar de Valsequillo cuando en el testamento otorgado el 14 de junio de 1739 por Isabel Juana Calderín Casares, mujer de Nicolás Dávila Tapia, al constituir una capellanía Colativa de Sangre, cita entre los distintos censos el de 800 reales de principal impuesto a Domingo Mota, estante en Telde el 12 de febrero de 1696, no aportándose datos del lugar.

Horno de pan (Fedac)
La ganadería siempre fue la actividad económica más importante de la zona; en el siglo XVIII se nombra a José Monzón, vecino de Era de Mota, que posee cien ovejas, diez vacas, cinco bestias caballares, cuatro carneros, tres cabras y tres jumentos (animales de carga).

En noviembre de 1886, se crea en este lugar un oratorio privado por parte del presbítero Cristóbal Suárez González, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Salud. Es un oratorio de reducidas dimensiones que, sin embargo, guardaba en su interior significativas obras. En especial un retablo desaparecido que constaba de un gran nicho central y varias hornacinas pequeñas distribuidas en dos filas, así como varias esculturas de gran valor.

En el año 2004 se inició la restauración de las esculturas, estimándose en el informe del área de Patrimonio del Cabildo Insular que «... no resulta aventurado pensar que algunas de esas piezas pasaran a manos del clérigo don Cristóbal Suárez González, quien las colocaría en su oratorio privado erigido bajo la advocación de Nuestra Señora de la Salud en Era de Mota, en 1918, pues así reza en la inscripción de una lápida de piedra embutida sobre el dintel de su puerta de ingreso, aunque, al parecer, ya se encontraba edificado en 1886 –año de la licencia para celebrar en él los oficios divinos–, al igual que le fuera cedido un san Juan Evangelista de escaso mérito perteneciente a la ermita de San Sebastián de Telde también conservado allí».

Imágenes despúes de la restauración (Patrimonio Gran Canaria)
Hace referencia a la procedencia de las imágenes del retablo que donara María Fernández Calva, hija del conquistador Alonso de Zurita "el Viejo", de factura flamenca país con quien mantenía relaciones comerciales por su ingenio azucarero.

«... cuatro esculturas de iguales proporciones que representan a Santa Catalina de Alejandría, Santa Clara y dos santos identificables con Santa Lucía y San Bernardo, junto con otra de menor tamaño del apóstol Santiago el Mayor, actualmente localizadas en el oratorio de Nuestra Señora de la Salud, sito en el término de Era de Mota, en el pueblo grancanario de Valsequillo, en un lamentable estado de conservación. (...) Estas tallas quizá fueron desmembradas del primitivo retablo de la capilla colateral del Evangelio de la iglesia de San Juan Bautista de Telde (Gran Canaria), dedicada a San Bartolomé -hoy al Corazón de Jesús- » (NEGRÍN DELGADO, C.: "Cinco esculturas de origen brabanzón conservadas en la isla de Gran Canaria", Anuario de Estudios Atlánticos, nº 39, 1993).



Localización (Espacios Naturales de Gran Canaria)




MORISCOS, CRUZ y MONTAÑA DE LOS (ARTENARA Y VALLESECO)

Topónimo con el que se conoce uno de los puntos más áltos de la isla, situado junto a los Riscos de Chapín que cuelgan sobre la Caldera de Tejeda, que probablemente tomó su nombre de los antiguos oficios pastoriles que tuvieron los moriscos en las islas.
Panorámica de la montaña y los Riscos de Chapín (fotosaereasdecanarias-com)
Cuando en el siglo XVI el Consejo de Estado, bajo la iniciativa del todopoderoso valido de Felipe III, duque de Lerma, acuerda la expulsión de los moriscos de todo el territorio nacional, una de las escasísimas excepciones fue Canarias, y una de las posibles causas de que no sucediera así es por la utilidad que comportaban para la sociedad de entonces. Su ancestral destreza en el transporte de grandes cargas como lo pudieron ser las madederas y en los oficios pastoriles fue muy apreciada.

Los moriscos, más reacios a la dureza de estos oficios (cuidar las cañas, trabajar en las calderas, en las prensas y en los bagasos de los ingenios) prefieren dedicarse al  transporte, pues no en vano controlan todo el acarreo pesado, en especial cargando las bestias con leña y caña con destino a los ingenios. Tampoco desdeñan el cuidado del ganado, en donde incluso son preferidos siempre que se trate de ganado menor y de camellos (LOBO CABRERA, M.; Los libertos en la sociedad canaria del siglo XVI, Las Palmas de GC, 1983).
Ganado en las Cumbres (quesoscanarias-com)
En su oficio pastoril, la contraprestación en sus relaciones contractuales no lo eran en la moneda corriente, pues probablemente no la poseía, trasladaba productivos beneficios a sus contratantes ofreciéndo garantías de éxito en el negociocomo puede apreciarse de dos ejemplos.

En el protocolo 834 del escribano Lorenzo de Palenzuela: «Francisco de Guriete, morisco prieto, horro, criado que fue de Sebastián de Guriete, debía pagar cada año a los hermanos Francisco Texeraq y Alonso Rodríguez rubio, criadores de ganado, por el partido de 150 cabras mayores preñadas, cada año 80 cabritos, 60 hembras y 20 machos, y unos 60 quesos de a 10 libras cada uno». Y en el protocolo 2.575 del escribano José del Cobillo: «El morisco vecino de Telde, edro Xara, debía entregar al final de 5 años 116 cabrillas por 58 que había recibido».

Ambos oficios de acarreador y pastor pudieron se los habituales por estos lugares, y su presencia pudo devengar en la creación del topónimo.

Como se decía al principio, la montaña de Los Moriscos (1.771 metros de altitud), con el macizo de Tamadaba (1.444) y el Pico de la Nieves (1.950), conforman una barrera casi perpendicular a la dirección de los vientos alisios cargados de humedad, que se ven obligados a precipitar en la vertiente norte por efecto orográfico. Esta característica y la lejanía del continente africano hacen que sea la zona más lluviosa, especialmente en el sector de esta montaña.
Mar de nubes (grancanariajoyadelatlantico-blogspot)
Es muy clarificadora la descripción que realizó Telesforo Bravo sobre el efecto de los vientos Alisios: «… Durante la mayor parte del año, especialmente en los meses de verano, la isla se encuentra bajo la acción de los alisios del Nordeste, de suave intensidad. A lo largo de este período aumenta y disminuye su fuerza con pequeñas oleadas. Durante el día su mayor fuerza la alcanza hacia las dos de la tarde. Este viento que viene deslizándose a ras del mar tiene una temperatura entre 22 y 24° centígrados, y una humedad relativa entre 50 y 60 %. Son por lo tanto templado húmedos.

El espesor de esta masa de aire que procede desde los centros anticiclónicos de Las Azores es al llegar a las proximidades de la isla de Gran Canaria de unos 800 a 1.000 metros. A esta altura existe un techo formado por un banco de nubes de unos 200 metros de espesor reinando dentro de ese banco una continua perturbación de corrientes de aire con pequeña turbulencia. Esta masa nubosa es consecuencia del contacto del alisio del Nordeste con otros vientos más altos y frescos, aunque secos, que procedentes del Noroeste se deslizan sobre aquel. En la zona de fricción se forma el banco de nubes que observado desde mayor altura es un gran mar blanco que se extiende suspendido sobre el Océano.
Cruz de los Moriscos (crucesgc-blogspot)

La masa de aire del alisio tropieza con la isla de Gran Canaria cuya cumbre central tiene más altura que el espesor del viento sufriendo un verdadero frenazo, obstáculo que hace que la acumulación frontal de aire se deslice por los laterales de menor altura, a veces, cuando el alisio viene con más fuerza llega a saltar completamente el obstáculo aunque tropieza con la barrera de aire cálido que asciende como contra la corriente por las laderas del Suroeste. Por eso mientras reina aquel viento, la isla queda dividida en dos zonas climáticas, la de sotavento y la de barlovento.

El mar de nubes oceánico se corta bruscamente frente a la isla, circundándola de forma que la masa nubosa que está suspendida sobre el océano no la cubre. Sin embargo, las corrientes de aire que trepan por las laderas de barlovento crean, al enfriarse por ascenso, un pequeño banco nuboso que se comienza a formar desde las primeras horas de la mañana, alcanza su mayor densidad durante la tarde y desaparece durante la noche...».

No obstante, el accidentado relieve provoca un sinfín de microclimas que forman un variado paisaje, tanto por su vegetación como por el modelado del relieve. La Cruz de los Moriscos, situada en el Paso Blanco, punto de referencia de senderistas, también llamada Cruz del Romero, según el cronista de Artenara tiene sus antecedentes en Cristóbal Perera Rodríguez, quesero de Arucas, hombre profundamente religioso, que la erigió en 1913 por no haber tenido ningún percance en sus continuos desplazamientos a Artenara.

A lomos de su mula, trasladó la cantería que aún se conserva. El día de su inauguración se celebró una gran fiesta, incluyendo misa, carreras de caballos, baile, peleas, etc.Es una obra artesanal labrada en cantería de Arucas, apoyada en un basamento, con cantos de piedra roja de Artenara. En tiempos pasados dispuso de una alcancía destinada a recoger limosnas de los viajeros y de una hornacina donde, al parecer, había una Virgen de la Milagrosa. En el crucero se dibuja un alto relieve con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús. Tiene una placa de mármol con la siguiente inscripción: «Cristo vence, reina y triunfa. Monumento al Redentor. 6-1913».

Localización (Espacios Naturales de Gran Canaria)

viernes, 20 de julio de 2012

MORISCO, EL (SANTA LUCÍA DE TIRAJANA)

Topónimo con el que se conoce un pequeño caserío en lo más alto del municipio, en una altitud aproximada de 720 metros sobre el nivel del mar, en la frontera jurisdiccional con San Bartolome de Tirajana y al sur del caserío de Tardía perteneciente a este último municipio.
Casa y alpendre (Fedac)
Dado que el género del topónimo es masculino, habremos de desechar en este caso que esté a alguna de las plantas llamadas "moriscas" que se díeron más frecuentemente en la zona de costa. En este lugar probablemente su nombre hace alusión a las tantas referencias toponímicas de los esclavos traídos en las cabalgadas a Berbería, de donde los moros capturados se señalaban como blancos, moriscos o berberiscos, de los que se tienen muchas noticias de su estancia por las Tirajanas.

El profesor Rumeu de Armas aseguraba que las incursiones de los señores de Canarias en la vecina costa africana las inicia Diego García de Herrera, ayudado de su yerno Diego de Silva, y a partir de ese momento las entradas en África continúan a lo largo del siglo XV, se multiplican en la primera mitad del siglo XVI y decaen en el último tercio, a partir de 1572, cuando Felipe II las prohíbe a consecuencia de los asaltos que los corsarios berberiscos hacen sobre las islas.
Bodega y lagar (Fedac)
Pese al riesgo que comportaban estas incursiones, llamadas razzias, entradas, cabalgadas o expediciones, eran llevadas a cabo por los cuantiosos beneficios que se obtenían, y se justificaban por la demanda de mano de obra barata que se requería para poner en movimiento la incipiente economía isleña acabada la Conquista, y como no, al propio comercio de la esclavitud.
Alpendres (Fedac)
Según algunas fuentes, el negocio de la esclavitud en el mercado grancanario ofrecía precios distintos. Entre los negros y los moriscos no se aprecian grandes diferencias; aunque los segundos, blancos, fueron durante algún tiempo los más caros.

Su rápida incorporación a las nuevas costumbres, su conocimiento del transporte, pastoreo y artesanía eran tal vez algunas de las causas de su encarecimiento. Además, en el caso de tratarse de gente importante en su tierra, cabía el cobro de importantes cantidades por su trueque o rescate en las costas de Berbería, pues un moro equivalía a dos negros en dicha operación. Solo podría abaratar su precio su holgazanería y su afición a huir a la menor oportunidad a Berbería.
Horno de pan (Fedac)
Sorprendería inicialmente que los moriscos recalaran por este lugar de las Tirajanas por su lejanía y poca población, pero los esclavos son también necesarios en estas zonas, y especialmente en las Tirajanas donde estaba situado el ingenio de los Palenzuela. Pero su importancia no se limitaba exclusivamente a este oficio, pues desde el punto de vista laboral se necesitaba mano de obra para poner en explotación nuevas tierras, para el aserrado de maderas en los montes, y para la guarda y cría de ganado de medianías, especialmente cabras y ovejas.

La presencia de los moriscos en Tirajana no lo es exclusivamente por el ingenio de los Palenzuela, pues aparecen acarreando cereales como resulta de los contratos que se suscribían, como es el caso del protocolo 764 del escribano Pedro Escobar: «El morisco además de acarrear 200 fanegas de trigo que se le habían de dar, puesta en el granel, en Tirajana, traería 30 botas de vino del mismo término. En la comarca de Telde le transportaría 20 botas de vino» (LOBO CABRERA, M.; Los libertos en la sociedad canaria del siglo XVI, Las Palmas de GC, 1983).

Casa y alpendre (Fedac)
También el mismo autor nos aporta una buena prueba de sus posesiones en el lugar dando señas del morisco carpintero Franciso Fernández que deja sus bienes a la casa del señor San Lázaro, según escritura fundando una capellanía ante el escribano Lorenzo de Palenzuela nº 833: «...ciertos parrales, cuevas y tierras en Tirajana, más dinero que le deben».
  
En este lugar hubo muy buenas haciendas, y así lo describe en el siglo XVIII el Licenciado, Presbítero y Capellán Rector del Hospital de San Martín de Guía Francisco Tomás Betancort, quien en su testamento de 12 de junio de 1765 decía tener una «… Hacienda labradía de catorce fanegas con arboleda dividida en cuatro suertes en el Morisco, Montaña Blanca, lomo de Santa Lucía y lomo Blanco, con una casilla y siete días con sus noches de agua, que había adquirido», dándonos al tiempo numerosos topónimos de este lugar en torno al Risco Blanco.

Localización (Espacios Naturales de Gran Canaria)